Cómo Argentina está ayudando a proteger la capa de ozono

Protegerse del sol es hoy una costumbre más que trasciende el verano, con cremas y cosméticos que se usan todo el año. Y aunque sí tenemos presente que los rayos ultravioletas dañan la piel e incluso pueden ocasionar cáncer, el Día Internacional de la Protección de la Capa de Ozono (16 de septiembre), ofrece un buen motivo para recordar la razón por la cual estos productos se volvieron necesarios: la capa de ozono, que filtra naturalmente la radiación solar, está dañada por ciertas sustancias químicas que antes de la década del 90 eran de uso regular en los aerosoles y en las heladeras, entre otros usos.

A través de las primeras firmas del Protocolo de Montreal en 1987, los países se empezaron a comprometer a preservar la capa de ozono a través de la reducción de la producción y el consumo de esas sustancias dañinas, comenzando con los clorofluorocarbonos (CFCs), que además son gases que contribuyen al cambio climático.

“Por su cercanía al polo sur, la Argentina recibe una mayor radiación solar debido al agotamiento del ozono y desde el principio, ha tenido un rol muy activo en las negociaciones vinculadas al Protocolo de Montreal”, sostiene Tuuli Bernardini, especialista ambiental del Banco Mundial, que desde 2011 contribuyó en la implementación del Protocolo de Montreal en el país, trabajando junto al Gobierno en apoyar varias industrias en eliminar el uso de las sustancias que agotan la capa de ozono.

Específicamente, el Banco sirvió de Agencia de Implementación para financiar la reconversión tecnológica con el objetivo de reemplazar el uso de gases CFC por gases hidroclorofluorocarbonos (HCFC). Estos gases son utilizados universalmente en la fabricación de heladeras domésticas, aire acondicionado automotor y doméstico, en equipos de refrigeración comercial e industrial, y en menor medida en espumas de poliuretano y en inhaladores para el tratamiento del asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

“Fue un gran desafío coordinar los tiempos y procesos del Protocolo de Montreal, pero logramos implementar proyectos de reconversión para empresas muy grandes y de sectores sumamente relevantes”, afirma Juan José Galeano, Director Nacional de Desarrollo Sostenible de la Industria del Ministerio de Producción.

Sin embargo, los HCFC sólo sirvieron de manera transitoria debido a que también tienen un potencial de agotamiento de ozono y de efecto invernadero, aunque con niveles menores que los CFC. Por eso, desde 2013, se está implementando un cronograma de eliminación gradual de la producción y el consumo de los HCFC, que para ciertos usos ya tienen alternativas limpias mientras, para otros, es necesario continuar el desarrollo tecnológico en busca de mejores alternativas.

Así, en 2015, la Argentina cumplió la primera meta de un 10 por ciento de reducción del consumo de HCFCs. Ahora se trabaja para seguir reduciendo las emisiones de estas sustancias, hasta alcanzar un 50 por ciento para el 2022, de acuerdo con el compromiso global asumido.

Los proyectos financiados en el marco del Protocolo de Montreal suelen producir valor más allá de la protección de la capa de ozono. “Las medidas de reconversión han servido también para modernizar las industrias y traer múltiples beneficios ambientales y económicos como ahorro energético”, destaca Bernardini.

A medida que la capa de ozono se recupera, los esfuerzos actuales se potencian para que estos logros sirvan también en la lucha contra el cambio climático y la huella ambiental de la industria argentina continúe disminuyendo.

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