Las abejas necesitan protección para garantizar su futuro

Un número cada vez mayor de especies de polinizadores en todo el mundo está siendo llevado a la extinción por diversas presiones, muchas de ellas creadas por el hombre, que amenazan millones de medios de subsistencia y cientos de miles de millones de dólares en suministros alimentarios.

Más del 75 por ciento de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización para obtener rendimientos y calidad. La ausencia de abejas y otros polinizadores eliminaría el café, las manzanas, almendras, tomates y el cacao, por citar tan solo algunos de los cultivos que dependen de la polinización.

Los polinizadores -como las abejas, abejas silvestres, pájaros, murciélagos, mariposas y escarabajos- vuelan, saltan y se arrastran sobre las flores para ayudar a que las plantas sean fértiles. El número de polinizadores y la diversidad han disminuido en las últimas décadas, y la evidencia indica que este descenso es sobre todo consecuencia de las actividades humanas, incluyendo el cambio climático, que puede interrumpir las temporadas de floración.

Varios factores que afectan a los polinizadores

Aproximadamente el 16 por ciento de los polinizadores de vertebrados están amenazados con la extinción mundial -aumentando hasta el 30 por ciento de las especies insulares- con una tendencia hacia más extinciones.

Aunque la mayoría de los insectos polinizadores no han sido evaluados a nivel mundial, las evaluaciones regionales y nacionales indican altos niveles de amenaza, particularmente para las abejas y las mariposas, con más del 40% de las especies de invertebrados amenazadas localmente.

Se han confirmado disminuciones en los polinizadores silvestres regionales para el noroeste de Europa y en América del Norte. Aunque se han documentado casos locales de disminución en otras partes del mundo, los datos son demasiado escasos para extraer conclusiones amplias.

Los pesticidas, incluidos los insecticidas neonicotinoides, amenazan a los polinizadores en todo el mundo, aunque los efectos a largo plazo aún se desconocen. Un estudio pionero realizado en campos agrícolas mostró que un insecticida neonicotinoide tenía un efecto negativo sobre las abejas silvestres, pero el efecto sobre las abejas melíferas manejadas era menos claro.

Las plagas y enfermedades plantean una amenaza especial para las abejas manejadas, pero el riesgo puede reducirse a través de una mejor detección y manejo de enfermedades, y regulaciones relacionadas con el comercio y el movimiento de las abejas.

Los cultivos genéticamente modificados generalmente son tolerantes a los herbicidas o resistentes a los insectos plaga. El primero reduce la disponibilidad de malas hierbas, que suministran alimento a los polinizadores. Esto último a menudo resulta en un menor uso de insecticidas y puede reducir la presión sobre los insectos beneficiosos, incluidos los polinizadores. Sin embargo, los efectos subletales e indirectos de los cultivos modificados genéticamente sobre los polinizadores son poco conocidos y no suelen tenerse en cuenta en las evaluaciones de riesgos.

Los polinizadores también están amenazados por la disminución de las prácticas basadas en el conocimiento indígena y local. Estas prácticas incluyen sistemas agrícolas tradicionales; mantenimiento de diversos paisajes y jardines; relaciones de parentesco que protegen a los polinizadores específicos; y culturas e idiomas que están conectados a los polinizadores.

Soluciones

Las prácticas agrícolas sostenibles -y en particular la agroecología-, pueden ayudar a proteger a las abejas al reducir la exposición a los plaguicidas y ayudar a diversificar los paisajes agrícolas.

Para ayudar a su salvaguarda es importante mantener o crear una mayor diversidad de hábitats de polinizadores en paisajes agrícolas y urbanos. Apoyar las prácticas tradicionales que manejan la parcelación del hábitat, la rotación de cultivos y la coproducción entre la ciencia y el conocimiento local indígena. Hay que disminuir la exposición de los polinizadores a los pesticidas al reducir su uso, buscar formas alternativas de control de plagas y adoptar una gama de prácticas de aplicación específicas, incluidas tecnologías para reducir la deriva de plaguicidas.

La educación e intercambio de conocimiento entre agricultores, científicos, la industria, las comunidades y el público en general, es imprescindible para luchar contra la extinción de las abejas.

Asimismo, es necesario mejorar de la cría de abejas gestionada para el control de patógenos, junto con una mejor regulación del comercio y el uso de polinizadores comerciales.

No podemos seguir centrándonos en aumentar la producción y la productividad en base al uso generalizado de plaguicidas y productos químicos que amenazan los cultivos y a los polinizadores”, advirtió Graziano da Silva, Director General de la FAO.

Cada uno de nosotros –añadió Graziano da Silva- tiene la responsabilidad individual de proteger a las abejas y todos debemos tomar decisiones respetuosas hacia los polinizadores. Incluso cultivar flores en el hogar para alimentar a las abejas contribuye a este esfuerzo”.

En colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la FAO ha desarrollado el Código Internacional de Conducta para el Manejo de Plaguicidas, que proporciona un marco sobre las mejores prácticas que pueden ayudar a disminuir la exposición de los polinizadores.

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